¿El temor de la desaparición del libro se debe a un honesto temor por la cultura o será una reacción de una especie de fetichismo por el objeto?
En una bastante conocida entrevista realizada por el periodista Boris Muñoz a Robert Darnton le preguntaban si los libros eran objetos de placer, básicamente, que no era un cliché comparar esta pasión por los libros con el fetichismo, y este respondía:
No sé si sabes que hay un fabricante francés de libros electrónicos que hizo una investigación entre los lectores jóvenes de Francia, y lo primero que encontró es que a la gente le encanta el olor de los libros. [1]
Por eso, se optó como una estrategia comercial vender una especie de banda aromática que en vez de olor a fresa, vainilla, pino o cualquiera de los conocidos perfumes de ambientador, expidiera olor a papel viejo[2]. Hay que resaltar ciertas cosas, como que esta investigación se realizó entre jóvenes, así que no habría mayor problema con los nativos digitales, y la segunda es que esta segmentó el sector de los jóvenes lectores, por lo que no incluiría a los anticuarios ni a los libreros o a algunos fetichistas del libro.
El libro como objeto se ha planteado como sinónimo de lectura, de saber e incluso de libertad, pareciera en cierta medida que la lectura, tal y como la conocemos, desparecerá al mismo tiempo que desaparece el libro. Lo cierto es que el libro es un soporte de lectura bastante eficiente, y tal vez por ello haya sido el soporte más eficiente durante aproximadamente dos mil años. Aunque en un Tablet o incluso en un Smartphone podría cargar una biblioteca completa en una pequeña mochila o en el bolsillo, es difícil rechazar la posibilidad de cargar una edición de bolsillo para leer en alguna parte.
Una visión caricaturesca del futuro de la biblioteca fue presentado en un capítulo de Futurama, donde toda la colección de libros de la historia quedaba contenida en dos discos: uno de ficción y el otro de no ficción. Lo cierto es que muchos tenemos una biblioteca digital que en dimensión supera a la biblioteca física personal, de hecho, he recuperado en formato digital obras que perdí, o incluso muchas que no había conseguido nunca, ya sea por falta de recursos o disponibilidad.
Sin embargo, esto no impide que adquiera libros, que navegue en la biblioteca y que permanezca horas tan sólo hojeando ediciones en las librerías. ¿puede que esto sea obra sólo del olor, el tacto y el color? o realmente es una tara conservadora de alguien formado en la cultura impresa.
La transición al e-book tiene muchos aspectos favorables: espacio, precio, la versatilidad de no depender del editor para escoger el tipo de letra o su tamaño; pero igualmente nos traslada de un elemento orgánico, que envejece con su propietario, a un soporte aséptico, inodoro, de cierta manera insípido. Me recuerda de muchas manera la percepción del futuro como un lugar donde nos alimentaríamos con cápsulas que contendrían todos los nutrientes necesarios, lo cual para aquellos amantes de la comida es poco menos que una visión del apocalipsis. Igualmente, para aquellos no tan asiduos lectores ni amantes de bibliotecas, prescindir de los libros es una visión interesante, un mueble menos en sus casas, pero para los amantes de estos objetos, son poco menos valiosos que muchas gemas, así sea tan sólo para pasar un rato oliendo sus páginas en esas relaciones fetichistas que van mucho más allá de la lectura.