Cementerio Católico o Central

El 2 de agosto de 1800 se presentó el plano para el nuevo cementerio de Bucaramanga, el cual fue ubicado a cinco cuadras al sur del Parque Custodio García Rovira, en frente del actual Parque Romero. Se trató de un diseño modernista que poseía una organización interior, en el cual primaba conceptos tales como la higiene y la ornamentación. Sus características arquitectónicas son de tipo neoclásico y con trazos regulares, ritmo y simetría.

Para el año de 1853 el doctor José Ignacio Martínez intentó organizar una construcción que hiciera las veces de campo santo y cambiase la forma de enterrar los muertos, propuesta que se constituyó en una evidencia de los cambios sociales de la población. El doctor Martínez mandó a construir una capilla con el fin de “depositar los cuerpos y celebrar la misa el día de los difuntos [...] más tarde levantaron dos colgadizos a los costados de la capilla y debajo de ella se construyeron algunas bóvedas contra la pared. Las primeras que hubo quedaban a la entrada del lado de la calle.

En 1853 se dio en Bucaramanga la aparición de las bóvedas, una nueva forma de dar sepultura a los muertos. El uso de las bóvedas surgió como alternativa de entierro al ya existente que se hacía bajo tierra. Dicha práctica estuvo enmarcada en las posibilidades económicas y adquisitivas de las personas, pues como toda novedad, estas manejaban un precio alto que no podían pagar todos los habitantes y su práctica quedó restringida por un buen tiempo a las personas con la capacidad económica suficiente para pagar el servicio.

Cuatro años más tarde, en 1857, se impartió una orden que prohibió el enterramiento de cadáveres en las iglesias, capillas, edificios o lugares no reconocidos como cementerios habilitados, lo cual incrementó el uso del Cementerio Central, pues en adelante sería el único sitio autorizado por la ley en Bucaramanga donde se podía dar cristiana sepultura a los muertos.

El Cementerio Católico tendría su primera intervención años mas tarde. En el quinquenio 1865-1870 recibió algunas reformas en su interior y exterior debido a que la población de Bucaramanga creció. Entonces recibió reformas internas como el enladrillado, las paredes y la organización de los jardines, a la vez que se nombró un conserje para el mantenimiento general de campo santo.

Muchas obras sobrevinieron a las ya citadas, las cuales expresaban el cambio en la percepción de la sociedad respecto del cementerio, adquiriendo éste una significancia muy distinta en comparación al lote de tierra mal cercado del primer cementerio. El lote que en un principio de mostraba desordenado empezaba a cambiar su imagen conforme cambiaba la concepción de lo bello y lo estético de la época.

Cabe señalar que la mayoría de intervenciones hechas en la estructura física del cementerio fueron impulsadas por el gobierno y solo en casos especiales se contó con los aportes de la comunidad. Las adecuaciones tenían como objetivo prestar un servicio óptimo. Con el transcurso del tiempo, el progreso del tejido urbanístico permitió que la gente se asentara muy cerca al cementerio, a tal punto que el lugar donde se situaron estas familias fue reconocido como el barrio del cementerio o del hospital.

Las obras continuaron con la construcción de la capilla que se completó en 1893. Un sencilla construcción de una sola nave y un corredor con varias puertas. Paralela a esta obra se instaló en el cementerio una verja de hierro cambiando así las características arquitectónicas del lugar.

Las nuevas obras hechas en la iglesia y en el cementerio, vistas en su totalidad, ofrecieron mayor comodidad a los bumangueses y embellecieron el entorno urbano de esos barrios. La iglesia duró en pie tan sólo seis años, pues su primera estructura fue demolida en 1889. Ese mismo año se inició la construcción de la nueva capilla esta vez con advocación a las ánimas del purgatorio. A diferencia de la primera edificación, esta obra era amplia, ventilada y construida con materiales más resistentes. La obra empezó con la bendición de la primera piedra el 30 de mayo de 1889, siendo cura José Uribe, y se inauguró a finales de 1894.

EL Cementerio para la época se convirtió en un lugar de sociabilidad, donde la gente se reunía a dar un paseo gracias a su buen estado y lo bello que percibían el lugar. Después de visitar a un ser querido, la gente paseaba observando sus jardines, disfrutando de la paz y tranquilidad que reinaba en el ambiente. Ya para la década del veinte el cementerio perdería su capacidad de convocatoria como un lugar de sociabilidad debido al crecimiento urbano y la aparición de nuevos espacios destinados para tal fin, como parques, plazas y clubes.

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Sergio Andrés Acosta Lozano y Roman Javier Perdomo González , “Cementerio Católico o Central ,” Patrimonio Urbano de Bucaramanga, accessed August 22, 2017, http://historiaabierta.org/mapa/items/show/26.

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