El zaguán fue un elemento arquitectónico propio de las viviendas desde los tiempos coloniales. Cumplía una función de “interiorización”, es decir de separar al recinto de lo que pertenecía a lo “público” (la calle) y lo perteneciente a lo “privado” (el interior de la casa). Para finales del siglo XVIII cambia su vocación y se transforma paulatinamente en un espacio abierto al exterior, a la calle y se convierte así en un tránsito previo del espacio urbano al espacio arquitectónico, sólo traspasando el zaguán se accede a la vivienda propiamente dicha